POV: Aurora
El amanecer se filtraba por la rendija de ventilación del búnker, pintando rayas de luz gris sobre el hormigón.
Estábamos sentados en círculo. O más bien, en un triángulo.
Kieran estaba a mi izquierda, limpiando la culata de su rifle con un trapo aceitoso. Lucian estaba a mi derecha, con los brazos cruzados y la mirada perdida en el mapa de la Ciudadela.
Y en el centro, sobre la mesa improvisada, estaba Aria.
Dormía. Era ajena a que su existencia era un crimen capital. Ajena a que sus padres estaban a punto de declarar la guerra al mundo por ella. Su pecho subía y bajaba, y con cada exhalación, una pequeña voluta de vapor dorado se escapaba de sus labios.
—Tenemos que hablar de logística —dije.
Kieran levantó la vista. Lucian parpadeó, saliendo de su trance estratégico.
—La logística es simple —dijo Lucian—. Entramos. Exponemos a Valerius. Tomamos el control.
—No me refiero a la batalla —corregí—. Me refiero a después.
El silencio cayó sobre el búnker. Pesado. Incómodo.
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