POV: Aurora
Una madre no debería verse pequeña.
Esa fue la primera cosa que noté cuando entré en la cueva húmeda donde Kieran y Lucian la habían dejado. Evelyn estaba sentada sobre una manta raída, con las manos atadas al frente con una cuerda de cáñamo. No había magia en las ataduras, solo nudos de marinero que Kieran había apretado con demasiada fuerza.
Estaba temblando.
Su abrigo de lana beige, que siempre había sido su armadura de elegancia, estaba manchado de barro y ceniza. Su cabello rubio se había soltado, revelando raíces grises que yo no sabía que existían.
Parecía una niña perdida en un cuerpo de mujer envejecida por el terror.
—Sácala de aquí —gruñó Kieran desde la entrada de la cueva. Estaba apoyado contra la roca, con los brazos cruzados y los ojos negros de furia—. No podemos llevarla con nosotros. Es un lastre. Es una espía.
—Es mi madre —dije, sin mirarlo.
—Es la mujer que llamó a Valerius —replicó Lucian, afilando su daga con un sonido rítmico y enervante—. Si la dej