Capítulo 39: No Tiene Pulso...
—¡Cuidado! —escuchó la voz de Rosalin, en un parpadeo de ojos la tenía sobre sus brazos con una herida en su pecho, la hoja afilada de la daga había atravesado su cuerpo por debajo de la clavícula y arriba de su pecho izquierdo.
Miró su rostro, en él se dibujaba el dolor tan intenso y fuerte que sentía, hasta por unos segundos le quito el aire, el olor a la sangre llego a sus fosas nasales, al descubrir la herida que ya había cubierto con su mano vio como el vestido se teñía de carmín.
—¡Rosal