Ya caída la noche cuando regresaron a casa, los cachorros corrían por todos lados gritando, riendo felices, cuando ellos entraron los vieron, y corrieron a ellos, con solo dos años, su hijo Edwan siempre procuraba que su hermana fuera feliz, parecía que desde que estuvieron en el vientre de Rosalin habían creado un lazo muy fuerte e inquebrantable.
—¡Mamá, mamá! —se escuchó el grito de júbilo de los pequeños —¡Papa! ¡Papá!
Rosalin los tomo en sus brazos, y Edwan los abrazo a los tres, beso las