DAFNE
La oscuridad ya no era algo que temiera.
Se había convertido en parte de mí.
Silenciosa. Fría. Un lugar que respiraba secretos.
Cuando abrí los ojos, yacía sobre tierra húmeda —el bosque a mi alrededor cubierto de niebla. Mi pecho ardía como fuego, mi corazón latiendo al ritmo de algo que no me pertenecía.
Jordán.
Su presencia me golpeó como una tormenta. Violenta. Distorsionada. Desconocida.
Intenté moverme, pero el mundo se inclinó, y por un momento pensé que aún estaba atrapada de