DAFNE
Todo empezó con la quemadura.
Un dolor abrasador me atravesó el pecho, agudo y cegador. Grité mientras el calor se extendía bajo mi piel como un incendio descontrolado. Mi corazón latía con tanta fuerza que ahogó todo lo demás: el bosque, el viento, incluso la voz de Atenea.
Algo me estaba marcando.
Miré hacia abajo y lo vi: una marca oscura, brillando justo encima de mi corazón. Palpitaba roja, luego negra, arremolinándose como humo bajo mi piel. Cada vez que parpadeaba, sentía que un