DAFNE
El mundo se había quedado en silencio.
No era el tipo de silencio que llega después de un grito — era más profundo. Vacío. El tipo de silencio que devora el sonido y también la memoria.
Flotaba en él. Sin peso. Sin aliento. Fría.
La oscuridad me rodeaba — no la oscuridad común, sino una viva, que latía con ritmo y susurraba en mil voces desconocidas.
Entonces, un sonido débil rompió el silencio.
—¡Dafne!
Jordán.
Su voz era un hilo de oro en la negrura infinita, tenue pero luchand