ELEONORA
La luz de la vela parpadeó violentamente, aunque no soplaba ningún viento.
Un momento, el ritual era perfecto: la energía corría a través de mí, el canto firme, la imagen de Dafne ardiendo en el cuenco de cristal frente a nosotras.
Al siguiente momento, todo se hizo añicos.
Una oleada de luz dorada estalló desde la superficie del espejo, lanzándome hacia atrás. El poder que había controlado con tanto cuidado se rebeló como una serpiente que muerde a su propia ama.
Choqué contra