ELEANORA
El olor a tierra quemada llenaba el aire antes siquiera de llegar al claro.
Algo poderoso había ocurrido allí. Algo antinatural.
Caminé con cuidado sobre la tierra resquebrajada, mis tacones hundiéndose en el suelo húmedo. Los árboles estaban ennegrecidos, como si los hubiera alcanzado un rayo, su corteza palpitando débilmente con el residuo del poder.
Y entonces los vi.
Jordán —inconsciente pero vivo—, su camisa rasgada, su piel brillando débilmente con destellos dorados. Y ell