DAFNÉ
La noche se sentía más pesada de lo habitual, como si la misma luna se apiadara de mí.
Me desperté de golpe, con el corazón latiendo con fuerza en el pecho y el sudor empapando las sábanas bajo mí. Por un momento, no recordé dónde estaba. Luego, el olor a hierbas viejas y el leve crepitar de la leña me lo devolvieron todo. La cabaña de Madame Dorotea.
Me incorporé lentamente, con la cabeza palpitando con un dolor sordo. Lo último que recordaba era la multitud gritando, el dedo acusador