DAFNE
Mis ojos estaban hinchados de tanto llorar. Mi corazón estaba pesado. El simple hecho de que el Alfa no me creyera cuando le dije que Eleonor fue quien me drogó y secuestró hacía que el alma me sangrara.
—Señorita Dafne, de verdad tiene que comer algo. Si sigue sin comer, podría enfermarse —me insistió Camila, la sirvienta.
Aspire con fuerza, apartando la mirada. —No tengo hambre. Comeré cuando esté muerta de hambre, Camila.
—Dafne, si el Alfa descubre que no ha comido nada desde ano