Elara
La mañana que regresamos al territorio, la luz se sentía diferente. No era más brillante ni más oscura, no realmente, pero tenía peso, como si el sol mismo supiera que dejábamos atrás algo frágil.
Me quedé allí más tiempo del necesario, atando mi capa, revisando la pequeña mochila que llevaba, respirando la quietud de la última vez.
Este lugar nos había acogido sin pedir nada a cambio. Sin títulos. Sin expectativas. Sin público. Y ahora, estábamos optando por regresar a un mundo que exigí