Elara
Despertar a la mañana siguiente en el pecho de Orión fue una sensación mágica.
Por supuesto, mi mente empezó a funcionar en piloto automático, con el arrepentimiento y otras emociones afluyendo a mi mente.
Lo reprimí, pues no quería obsesionarme con la negatividad tan temprano.
Era bastante tranquilo ver cómo la luz del sol entraba a raudales en la tienda desde un pequeño espacio abierto, y el dulce trinar de los pájaros contribuía a la sensación mágica del lugar.
El latido constante del