Elara
No moví ni un músculo, salvo mis ojos, que escudriñaban y registraban la posición de cada persona.
Incluso me di cuenta de que había más hombres escondidos entre los árboles.
Maldita sea, estaban por todas partes.
Estaban posicionados con una precisión inquietante, formando un círculo irregular alrededor de la casa. Mientras algunos se apoyaban despreocupadamente en los árboles, otros permanecían inmóviles como estatuas, pero todos y cada uno de ellos nos observaban.
Me observaban.
Una te