Orión
Debí haber sabido que algo andaba mal.
Había estado fuera demasiado tiempo y perdí la noción del tiempo, así que tenía la sensación de que algo no iba bien.
Pero no lo supe con certeza hasta que las vi.
O mejor dicho, hasta que la vi a ella… Lysera.
Estaba de pie detrás de Veya con una hoja apretada contra su garganta, como si me hubiera estado esperando.
¡Maldita sea!
Apreté con fuerza el pequeño manojo de hierbas que había recogido en mi paseo.
—¿Qué está pasando? —pregunté, con la voz