Elara
Lo primero que noté fue que no me estaba curando tan rápido como debería.
Tenía tanto dolor después de la paliza que me dieron que no lo noté a tiempo, pero con el paso del tiempo, empecé a sentirlo.
Un dolor sordo y persistente que se negaba a desaparecer. Intenté ignorarlo, pensando que eran los efectos secundarios de la inyección, pero la pesadez en mi cuerpo que me oprimía era antinatural.
Como si me hubieran arrancado una parte vital, dejándome desequilibrada.
Intenté no pensar demas