Lucien
Lo primero que sentí fue dolor. No era un dolor intenso, sino uno pesado que te oprimía todo el cuerpo hasta dejarte inmóvil.
Era como si me hubieran enterrado bajo piedra, hierro y plomo. La sensación era tan aguda que, por un instante, no abrí los ojos.
Me quedé allí… suspendido entre la nada y algo, mi mente luchando por seguir el ritmo de mi cuerpo, rodeado por una dulce sensación de silencio, y entonces, como por arte de magia, todo volvió a mí.
La explosión y el enorme flujo de luz