Orión
La comprensión me oprimió el pecho… la chica tras esos barrotes de hierro no era una simple prisionera.
Ella era la fuente de energía que sustentaba todo el planeta; la luz que emanaba de su piel lo confirmaba.
Cada suave oleada de energía blanca recorría la cámara como un latido, vibrando contra las antiguas runas grabadas en los barrotes de su jaula.
Es increíble pensar que una persona, de apariencia tan frágil y débil, tuviera tanto poder en su interior, un poder que se hacía visible.