Orión
Observé a mi abuelo salir, observándolo atentamente.
Era alto, casi tan alto como yo si no fuera por la edad, con una abundante cabellera blanca y una mirada severa.
De pequeño, recordaba que los niños le tenían miedo y cómo los adultos parecían respetarlo. Llevaba ese respeto como un título y se notaba en cada parte de su cuerpo.
Caminó hacia mí, con pasos pausados, como si tuviera todo el tiempo del mundo.
"¡Ahí estás!", resoplé. "¡Tardaste mucho en responder! ¿No me oíste llamar?". Fru