Helena por fin regresó al trabajo después de semanas de reposo. El edificio le pareció más ruidoso de lo que recordaba, pero también más vivo. Al cruzar la puerta, varios compañeros la miraron con sorpresa y alegría, como si su presencia devolviera algo que había estado ausente todo ese tiempo.
Llevaba ropa cómoda, pero elegante, y aunque su cuerpo aún se resentía con algunos movimientos, caminó con firmeza. No quería que nadie la viera débil. Saludó con una sonrisa discreta, aceptó los abrazos