El beso fue un simple pico fugaz que para Helena significó un antes y un después. Sintió miles de hormigueo por todo su cuerpo, y su corazón no dejaba de latir descontrolado dentro de su pecho.
Gabriel se percató de la reacción de Helena. Ella estaba roja como el tomate y nerviosa, era más que obvio que a Helena le gustaba su hermano. No tenía más dudas.
—Maldición —soltó, con los puños apretados—. No puedo creer que sea cierto.
—¿Qué es lo que tanto te sorprende? —cuestionó Nicolás, con una