Dos días después…
—¡Somos ricas! —exclamó Paula, con emoción en su tono—. Bueno, soy muy rica en todos los sentidos. Hermana, ¿qué tal van las ventas? Este dinero que me has dado es suficiente para vivir con lujos durante años.
Paula acercó los billetes a su nariz y cerró los ojos. Inhaló con lentitud, como si el olor del dinero fuera un perfume exclusivo, uno que solo los verdaderos jugadores sabían apreciar.
—Nada huele mejor que la victoria —susurró, con una sonrisa torcida.
Cada dólar