Emma sintió que todo se detenía a su alrededor. Por un instante pensó que Thiago estaba loco, o que, tal vez, sólo quería ayudarla.
Se apartó de golpe, nerviosa, con el corazón en la garganta.
—T-tú eres muy extraño, ¿sabes? No pareces primo de Noah —murmuró, sin mirarlo—. En primer lugar, no te pareces a ninguno de ellos.
—¿Quieres que me vea igual que Noah? —Alzó una ceja, con picardía.
—¡No! —negó con ambas manos—. Eso sería horrible. No necesito que te parezcas a Noah.
—Ajá.
—Oye… —