Helena bajó de la tarima tomada de la mano de Nicolás, envuelta en una ovación que parecía no tener fin.
Los flashes comenzaron a dispararse de inmediato, y decenas de invitados se acercaban con sonrisas amplias, teléfonos en alto y frases ensayadas en la punta de la lengua. Querían una foto, una palabra, o un momento con ella.
Pero Nicolás se detuvo en seco. Giró el rostro hacia la multitud y los miró con una intensidad que bastó para congelar el entusiasmo. Los fulminó con la mirada.
—Ya