Helena lo empujó con todas sus fuerzas con el cuerpo tenso y el corazón desbocado.
—¡¿Qué te pasa?! —escupió, con la voz quebrada entre rabia y repulsión—. ¿Es que te has vuelto loco?
Se limpió la boca con el dorso de la mano, como si pudiera borrar el asco que le había dejado ese contacto no deseado.
Mario la había besado sin su consentimiento.
Él retrocedió un paso, sorprendido por la reacción, pero no dijo nada, sólo sonrió con malicia porque había logrado su objetivo.
—Helena, no