Al día siguiente, Helena llegó al trabajo con el cabello aún húmedo por la ducha rápida y la mente ocupada en los pendientes del día, pero al doblar la esquina del edificio, se detuvo en seco.
Una nube de periodistas bloqueaba la entrada principal. Micrófonos, cámaras, flashes. Todos apuntaron hacia ella en cuanto la reconocieron.
—¡Helena, una palabra!
—¿Podemos hablar con Nicolás?
—Sabemos que eres su novia. Deberías decirle que baje a responder algunas preguntas.
Las preguntas se me