Valentina abrió los ojos y volvió a cerrarlos al sentirse mareada y con náuseas, pero enseguida los abrió de nuevo al darse cuenta de que ese no era su cuarto, y rápidamente se sentó en la cama, aunque se arrepintió y se sujetó la cabeza que le daba vueltas.
«¿Qué habitación es esta?»
Flashbacks de la noche anterior invadieron su mente: el beso, las caricias, las miradas, los suspiros.
Valentina miró su cuerpo y soltó un suspiro de alivio al ver que su ropa estaba intacta y que todo parecía estar en su lugar.
«Ese imbécil… ¿se aprovechó de mí y me volvió a besar?»
Valentina se levantó de la cama y salió del cuarto, encontrándose con un pasillo, y entonces se dio cuenta de algo. El olor de Alexander estaba por todas partes.
«¿Es su casa? ¿Por qué me trajo aquí?»
Valentina percibió un delicioso olor a comida que hizo que su estómago gruñera.
«Ah, qué hambre».
La mujer fue siguiendo el aroma de la comida por los pasillos hasta encontrar una escalera desde donde se podía ver el amplio apa