Alexander abrió la puerta del coche y le ofreció su mano a Valentina, que bajó del Jeep Mercedes sujetándose de la mano de Alexander. Sin embargo, él no se apartó en cuanto ella bajó del coche; permaneció allí, de pie entre ella y la puerta del vehículo, sin soltarle la mano y con la mirada fija en ella, con una leve sonrisa que no había abandonado sus labios desde la cena.
Valentina levantó la cabeza al ver que él no se alejaba y se encontró con la hermosa y encantadora sonrisa que hizo que la