Valentina se miró en el espejo por décima vez y ya no vio ninguna “imperfección”. Al igual que más temprano, estaba nerviosa, solo que mucho más nerviosa; al fin y al cabo, sería su primera cena a solas y hablando abiertamente sobre los dos, no como hijos cumpliendo órdenes de sus países, sino como dos personas con pensamientos y sentimientos. Y algo le decía que aquella cena podía cambiar de una vez por todas la relación entre ambos, ya fuera para bien o para mal...
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Valentina salió del c