Semanas después…
Alexander entró al edificio de la empresa y todos parecieron contener la respiración cuando pasaba. Todos sabían del inmenso amor que sentía por Leila y que su repentina partida seguramente lo volvería aún más amargo y exigente. Es decir, si antes todos caminaban sobre cáscaras de huevo en su presencia, ahora tenían que caminar sobre huevos y vidrios.
Alexander entró en su despacho seguido de su asistente y se sentó.
—¿Cómo van las búsquedas?
—Aún no hemos encontrado nada, señor. Con seguridad el señor Héctor usó sus medios para sacar a la señorita Leila del país, y por eso no hay rastros.
—¡Infierno!— Alexander golpeó la mesa con el puño.
Llevaba semanas buscando a Leila usando todos sus medios e influencia, y nada. Después de todo, aunque todos lo temían y respetaban como sucesor de los Riva Palacio, su padre seguía siendo el líder, y su palabra tenía más peso.
—Continúen buscándola. Contraten investigadores externos y discretos para que mi padre no interfiera.
—Sí,