Semanas después…
Alexander entró al edificio de la empresa y todos parecieron contener la respiración cuando pasaba. Todos sabían del inmenso amor que sentía por Leila y que su repentina partida seguramente lo volvería aún más amargo y exigente. Es decir, si antes todos caminaban sobre cáscaras de huevo en su presencia, ahora tenían que caminar sobre huevos y vidrios.
Alexander entró en su despacho seguido de su asistente y se sentó.
—¿Cómo van las búsquedas?
—Aún no hemos encontrado nada, seño