Serena estaba lista para salir de la habitación, pero se detuvo al sentir que le sujetaban la muñeca, y cuando se giró vio los ojos negros fijos en ella, y una súplica silenciosa que se transparentaba a través de ellos.
"No te vayas"
–Dominic...– Serena continuó allí parada, con miedo de acercarse y temor de alejarse.
Dominic levantó su otro brazo con cierta dificultad hasta la máscara de oxígeno y la retiró lentamente.
–N-No te vayas... quédate aquí– suplicó con la voz arrastrada.
Serena sintió su corazón latir con fuerza y calentarse al oír aquellas simples palabras que hicieron que sus ojos volvieran a llenarse de lágrimas.
Dominic continuó con los ojos fijos en Serena, sujetando su mano con más firmeza, como si no quisiera dejarla ir.
Serena se acercó a la cama y ambos se miraron fijamente.
–¿Tú... tú te acordaste de mí? ¿De nosotros dos?– preguntó con vacilación.
Dominic bajó la mirada, dejando su respuesta clara. Él aún no se había acordado.
Serena sintió cómo aquella esperanza