–¡Ya voy! ¿Qué es? ¿Vas a sacar a tu padre de la horca? ¡Ya dije que pago mañana!– gritó Lorena levantándose de la pequeña cama de la pensión donde estaba, y fue hasta la puerta que golpeaban rápida y violentamente.
–¿Qué fue? Pagué una semana por adelantado, ¿no puede darme un dí... ¿Tú?– Lorena miró al hombre que ocupaba casi todo el espacio del pequeño marco de la puerta, y a varios hombres detrás de él en el pasillo.
Dominic miró a la mujer con expresión seria e intimidante, y entró sin ser invitado mientras Lorena retrocedía unos pasos.
–Tú... Tú eres el novio de Serena, Dominic Santana, también conocido como uno de los jefes de la mafia de Nueva York. ¿Qué quieres aquí?–
Dominic observó el lugar pequeño, decadente, de higiene dudosa y de un solo ambiente, luego volvió la mirada a la mujer, mirándola de arriba abajo. Se preguntaba cómo el idiota de Erick podía cambiar una reina como Serena por aquella... cosa.
Lorena notó cómo el hombre la analizaba y sonrió maliciosamente, dando