–¿Mi amor, ya estás lista?– preguntó Erick y abrió la puerta del cuarto, pero su cara se tornó en una mueca al ver a Serena allí en la cama aún sin vestirse.
Erick suspiró intentando mantener la calma, y caminó hasta ella. –¿Qué estás haciendo? Te dije que te vistieras, la cena ya está lista–
–Yo... Yo no me estoy sintiendo bien, Erick– respondió ella girando el rostro hacia el lado.
Erick soltó una risa soplada y se aproximó a Serena. –¿Quieres poner a prueba mi paciencia?–
–Estoy hablando en serio, estoy enferma y tú me trajiste aquí sin ningún medicamento, ¿cómo quieres que...–
–¡YA BASTA!– Erick derribó la lámpara que estaba en la mesita de noche, y levantó a Serena por el brazo.
–Te lo advertí, si no colaboras tu vida aquí va a ser un infierno!–
Serena se mantuvo firme intentando contener las lágrimas. –Tú ya hiciste eso. Ya transformaste mi vida en un infierno en aquellos 3 años casada contigo. Me enfoqué tanto en ti que me olvidé de mí misma al punto de enfermar y ni darme cuen