Serena volvió a mirarlo. –¿Entonces decidiste usarme como parte de esa venganza tuya?–
–¡No! En aquella época yo ni pensaba en venganza, solo quería dejar todo atrás porque me dolía demasiado haber sido rechazado por mi propio padre. Pero con los años ese dolor se transformó en odio. Fui al orfanato y me quedé allí hasta los 18 años, y por alguna razón estúpida, quizás una esperanza, cuando salí volví a ponerme frente a aquella mansión. Y lo único que vi fue una familia con una vida feliz y perfecta. Él sonreía con orgullo y alegría a sus hijos legítimos, mientras yo estaba allí afuera, sin nada ni nadie. Los observé durante días y solo conseguía sentir cada vez más rabia y odio. Entonces, por mi madre, por mí y por la vida miserable que llevé mientras ellos disfrutaban del lujo, decidí vengarme. Conseguí un empleo como “hombre para todo” en una casa cerca de allí para poder observarlos mejor, y seguí acompañando cada paso de ellos, y el deseo de venganza crecía en mí cada vez que lo