—Yo te amo, Serena—
Serena no podía creer lo que estaba escuchando. Diecisiete años esperando oír aquello del único hombre que había amado en toda su vida, y él decía esas palabras justo el día del divorcio. No, no podía vacilar; sin duda era uno de sus trucos para jugar con sus sentimientos una vez más.
—¿Y Lorena? ¿Y el bebé? ¿También los vas a dejar? ¿Vas a dejarlos atrás?— La expresión de Erick vaciló y Serena soltó una risa amarga. —Entonces lo que estás diciendo es que quieres seguir jugando a estar casado conmigo mientras tienes a tu amante y a tu hijo, ¿es eso?—
—Serena, sabes que es una situación complicada, no puedo simplemente ignorarla, y menos estando embarazada y…—
—¿Realmente me amas?— lo cortó Serena fríamente.
Erick la miró de vuelta. —Te amo. Te amo, Serena. No puedo perderte, pero solo ahora me di cuenta y…—
—Si de verdad me amas y quieres seguir casado conmigo, corta todos los lazos con ella, rechaza a ese hijo, y entonces continuaremos casados—.
Erick tragó en se