Desde que llegaron a la Luna Sangrienta, Lyra, Callie y Nora habían sido tratadas con respeto y delicadeza. Los lobos de aquella manada, aunque silenciosos, mostraban una reverencia sutil hacia la presencia de Lyra. Las miradas largas, las sonrisas contenidas y los gestos amables no pasaban desapercibidos. Todos parecían saber, o al menos sospechar, que ella era más que una simple huésped. Ella era la compañera del alfa, la compañera del Lobo Supremo.
Nadie se atrevía a hablar en voz alta, pero