DAKOTA
Holly me miró con cierto enfado y como no.
—¿De qué hablas? claro que no—la tomé del brazo—. Anda, vamos, que se nos hace tarde.
—Te conozco desde hace años—gruñó—, estás mintiéndome.
Le sostuve la mirada, ok, no la puedo engañar, pero, tampoco le puedo contar todo, no aún.
—Está bien, lo admito, tuvimos un par de llamadas, nada más—enarcó una ceja—, es cierto.
—Dakota, ¿si recuerdas lo que dijo?
—Claro que lo recuerdo, pero le estoy haciendo la vida imposible—de pronto, tras la puerta,