DAKOTA
Pearce me llevó a desayunar, estaba desbordante de felicidad.
Eh estado con muchos hombres, no me jacto de ello, pero, él al ser el hombre más terriblemente loco me haya conocido, en el sexo… me pareció ¿delicado?
Mi mente está confundida, como adormilada.
—¿Quieres algo en particular?
—No… está bien.
Hizo que sirvieran bastantes cosas en la mesa, todo era delicioso.
—Entonces ¿Cuántos meses tienes?
¿Puedo hablar con él sobre ello?
—Cuatro meses—tragué lo que tenía en la boca.
—¿Ya se pu