Otto abrió los ojos volviendo en sí y lo único que vio fue el rostro de su hija Rosalía. La mirada de la mujer estaba llena de repulsión y odio.
Ella le remarcó. “Esto no acaba aquí… Todavía tienen que pagar por todo el daño y yo me voy a encargar de que lo hagan. Tú, tu amante y tu querida niña van a sufrir por todo lo que me hicieron a mí y a mi madre…” Se levantó saliendo de la habitación, Otto quería levantarse, pero no podía, empezó a gemir y tratar de balbucear el nombre de Rosalía, quer