22. Nunca podría
Ella se bajó del auto apresurada, cruzó la puerta de entrada e ignorando los gritos de Ronal tomó las escaleras hacia el cuarto en el que había despertado el primer día. Todos los guardias la vieron caminar hacia ahí pero ninguno se atrevió a detenerla, pues estaba prohibido tocarla.
En su interior estaba furiosa, todo le parecía un deja vu, había pasado por tanto que volver al inicio dolía, aunque no más que haber tenido que dejar ir varias cosas. Las lágrimas no se mostraban, pero gritaba