20. Ya no basta
Ambos se miraron en un intenso silencio, no había palabras que decir, ella había sellado sus voces con ese deseo tan frío, ese que nunca iba a tener pero que ahora se hacía más fuerte, al igual que el agarre que él mantenía en sus brazos, y es que al oírla decir eso todo su interior ardió de manera que su parte razonable pretendía darle paso al monstruo que se gestaba en su interior. Ni siquiera esas pequeñas lágrimas de ella le hicieron soltarla, el odio en sus ojos se intensificó y en un inte