65. Por siempre
—Brayan, toma el auto y vete...
La voz del peculiar gris oscuro se escuchó en ese inmenso vacío, ambos, el castaño y Regina se separaron de inmediato.
Regina se puso su camisa y hundió su rostro entre sus piernas en ese momento, tal vez pensando en lo que vendría.
—S-Señor...
—¡Al auto...!— demandó con ira en la mirada.
Brayan observó a la pequeña hecha bolita en el suelo, ella le miró y con una sonrisa asintió, no quería causarle problemas, todavía recordaba lo de la última vez.
Brayan subió a