[Alan]
El cielo de Roma nunca me había parecido tan inmenso y, al mismo tiempo, tan asfixiantemente vacío como la mañana en que vi su avión despegar.
De pie en la pista privada de Fiumicino, con el viento helado de la mañana golpeándome el rostro y agitando las solapas de mi abrigo, observé cómo el jet se convertía en un pequeño punto plateado entre las nubes de color plomo y luego desaparecía por completo. El rugido de las turbinas se desvaneció, dejando a su paso un silencio que me zumbó en l