REY DE OROS. CAPÍTULO 29. Un vampiro tacaño
REY DE OROS. CAPÍTULO 29. Un vampiro tacaño
Los días empezaron a pasar con una rapidez casi absurda. Para Alaric, la rutina del trabajo lo arrastraba entre documentos, reuniones y llamadas interminables. Para Costanza, en cambio, cada día era una aventura en el circuito. Frank la recogía puntual, y ella regresaba con la cara enrojecida por el sol, con el cabello alborotado y una sonrisa que no se le borraba ni con agua caliente.
Con cada jornada, su confianza en la moto crecía. Las curvas eran