El consultorio estaba en silencio, apenas roto por el leve zumbido del equipo médico. Amanda permanecía recostada, con la mirada fija en el techo, tratando de mantener la calma mientras el ginecoobstetra deslizaba el transductor sobre su vientre. El monitor emitía destellos suaves.
El doctor observaba con atención.
—Aquí está —dijo finalmente con voz tranquila—. Todo marcha bien… Felicidades, Amanda. El embarazo está confirmado. Aproximadamente ocho semanas.
Ella no respondió de inmediato. . .