Amanda caminó por la playa mientras Santi iba jugando con el pequeño perro de la posada. Ella iba con los ojos perdidos en un punto indeterminado. El eco de las olas y el zumbido lejano de los alcatraces la envolvían en una sensación de soledad que nunca antes había experimentado.
El contrapunto de la conversación en la posada seguía doliéndole en el pecho. Las palabras de Alejandra—sembrando dudas sobre ella y Vitto—se repetían en su mente como un disco rayado. Había salido de la Villa con la convicción de proteger su propia estabilidad y la de Santi; ahora, todo se sentía frágil.
Se detuvo frente al mar y se obligó a recordar cómo se vio reflejada en el espejo del salón de la posada . Apariencia impecable, sonrisa suave… pero, ¿qué mostraban esos ojos vidriosos? Con un suspiro, guardó en el bolsillo del pantalón el teléfono: necesitaba respirar y recomponer sus pensamientos, pero lo recuerdos venían a su mente.. .
Sentada en el sofá, rodeada de cajas sin deshacer, recordó el almuerz