Adrián.
Al pronunciar aquellas palabras, Arturo me aceptó la invitación y nos dirigimos a otro plano donde todo el entorno era igual, pero más gris, donde los objetos eran inanimados e inertes. Mi deber era rescatar a Estefanía y a mi familia de ese monstruo que se hacía pasar por conde y que cobraba vidas de inocentes por las noches.
—¡Dónde están Estefanía y mi padre! —terminé de romper el silencio, él me miró con cara de no entender.
—Eres difícil de comprender, ¿No fuiste tú quien