AMENAZAS Y PROMESAS.
En el despacho.
—¡Me puedes explicar qué demonios fue lo que acabó de ver en la cocina! —le preguntó Rodolfo a Elizabeth; su voz estaba alterada.
—Primero a mí no me alces la voz; esa india es una igualada, ¡mira cómo me ha agredido!… no estoy de acuerdo con que continúe viviendo en esta casa; mándala a los establos o a la barraca, ahí es donde debería estar.
—Te recuerdo que esa india como la llamas, es mi hija, y no es ninguna esclava —el recordatorio encendió más la ira de Elizabeth.
—¡Tu úni