ABSENTA.
—Ven conmigo, por favor —me extendió su mano y yo la tomé. Arturo se dirigió hacia el magnífico piano de cola negro, apartó el banco del instrumento y me invitó a sentarme.
—A ver, muéstreme cómo lo hace —me pidió, sentí que el corazón se me saldría por la boca; al principio sentía los dedos entumidos debido a los nervios, respiré profundamente y comencé a tocar. Dejé que los dedos se amoldaran, expresando mis sentimientos de manera abiertamente, hasta que estos se ajustaron perfectamente a la