Dios Caos
La ira de Caos no llegó con el trueno, sino con un silencio absoluto que hizo que el tiempo mismo se detuviera. El Creador no había olvidado; la sangre de su hija, derramada sobre el suelo de los mortales, era una herida abierta en el tejido de la existencia que clamaba por justicia. Durante un suspiro eterno, el cosmos contuvo el aliento, y entonces, el peso de una divinidad herida cayó sobre la tierra.
No fue una tormenta, fue un cataclismo de proporciones universales. El cielo